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La manzana de la discordia

futbolista Adolfo Ledo Nass

Sectores de esa izquierda revolucionaria se han encargado de alimentar la versión de que la enemistad Bosch Jimenes-Grullón se debe a la poeta Julia de Burgos. Había que no conocer a Bosch para alimentar semejante falsedad

La mitológica guerra de Troya se debe a una mujer: Helena, la esposa de Agamenón, rey de Micenas, que Paris, hijo del rey de Troya, raptó. No importó que Helena hubiera sucumbido a la belleza de su amante, como habían dispuesto los dioses del Olimpo. Estaba decidido que Troya fuera derrotada por los aqueos. La ira de los dioses fue implacable con los vencedores. Agamenón fue asesinado por el amante de su esposa. El astuto Ulises erró una década por el Mediterráneo para llegar a Ítaca, en donde era rey. Y todo eso, como las tragedias de Sófocles y Esquilo, por una mujer que se fue con otro.

Los dominicanos en tanto herederos de la cultura helénica aceptan aquello que proclamaba Freud de que la vida gira en torno al sexo por lo que se tiene la creencia, a pesar de múltiples desmentidos, de que la enemistad entre Bosch y Jimenes-Grullón fue causada por una “Helena” del Caribe llamada Julia de Burgos, la reconocida y gran poeta puertorriqueña.

Ni uno ni otro habían querido expresarse al respecto hasta que la poeta Chiqui Vicioso les pidiera a ambos aclarar la situación con respecto a la escritora boricua. El desmentido de los protagonistas figura en Julia de Burgos en Santo Domingo (2019), sin embargo ese prolongado silencio de Bosch y Jimenes-Grullón abrió las puertas a la capacidad de fabulación que tiene el hombre de completar el vacío que habían dejado los reconocidos intelectuales al interés morboso del dominicano de a pie y naturalmente la búsqueda de una explicación a la rivalidad entre estos reconocidos intelectuales permitió que la fábula, con los años, haya adquirido fuerza de verdad a tal grado que hoy día no importa que los protagonistas hayan excluido a la poeta antillana del origen de su enemistad. El chisme se convirtió en verdad.

Enemistad que alcanzó categoría de rivalidad e hizo de Jimenes Grullón cómplice de los irresponsables que derrocaron el gobierno que presidía Bosch en 1963 que no tomó en cuenta aquel 60% de los votos en las elecciones de diciembre de 1962 para poner su firma en el acta golpista de septiembre de 1963. No pensó que se estaba jugando su futuro político y poco reconocimiento a su vasta obra sociológica e historiográfica que aún hoy, años después de su muerte, no ha logrado desprenderse de la marca que le dejó su apoyo al putsch de 1963.

Con excepción del Partido Comunista Dominicano y la fuerza de las circunstancias en 1965, la izquierda dominicana nunca aceptó a Bosch; la izquierda radical siempre sintió que Bosch era una amenaza a su liderazgo y prefirió, en 1973, inclinarse por Peña Gómez aparentemente fácil de manipular.

Sectores de esa izquierda revolucionaria se han encargado de alimentar la versión de que la enemistad Bosch Jimenes-Grullón se debe a la poeta Julia de Burgos. Había que no conocer a Bosch para alimentar semejante falsedad.

Tuve, desde mi adolescencia, el privilegio de gozar de la amistad de Juan Bosch y sólo me atreví a abordar el tema en 1991. Bosch nunca hablaba de sus relaciones amorosas ni de nada que tuviera relación con su vida privada. Sólo se explayaba cuando se refería a su vida política. En ese entonces alguien me comentó que Bosch había tenido una relación sentimental con la viuda de un médico cubano que residía en La Habana. Aproveché la ocasión para comentarle que la escritora portorriqueña Nilita Vientós me había hablado también de su amistad con Jimenes-Grullón cuando llegó a Puerto Rico en 1938; que Juan Isidro había sido su novio y que Julia de Burgos, según sus propias palabras: “Se lo había quitado”.

En El PLD, un partido nuevo en América , suerte de memoria política, Bosch cuenta a propósito de Jimenes Grullón: “En vista de que Jimenes Grullón y la poeta puertorriqueña Julia de Burgos vivían en mi casa conseguí que la empresa farmacéutica en que yo trabajaba le proporcionara el mismo tipo de trabajo a Jimenes Grullón […]” ( OC , t. 8, p.608). Esto sucedía en los meses de la fundación del PRD. Cuando Jimenes-Grullón y Julia de Burgos llegaron a La Habana, Bosch había conocido, en la pensión en donde vivía, según me contó en la entrevista aún inédita de 1991, a “la viuda de un médico cubano que había estudiado en Lieja. Allí conocí a Lilly Van der Linder y acabamos teniendo una relación marital. Era una mujer muy bella, muy fina”.

Años después viene su ruptura con Jimenes-Grullónl, y la de éste con Julia de Burgos que al separarse de su compañero se marchó a New York. Fue cuando Jimenes-Grullón formó familia con la declamadora cubana Amada Sabater. Nada ha podido contra la creencia popular de que Julia de Burgos fue la manzana de la discordia entre Bosch y Jimenes-Grullón. Tampoco han sido suficientes las esclarecedoras las entrevistas que Chiqui Vicioso publica en Julia de Burgos en Santo Domingo para que ciertos políticos desaprensivos amparados por la vehemencia de la ignorancia afirmen, a diestra y siniestra, que la primera división del PRD en el exilio se debió a esa suerte de Helena de Troya tropical llamada Julia de Burgos.